Desarrollo Socioemocional, 6 a 12 años

Por: Silvia Renata Figiacone

Pocas veces pensamos cuán trascendente es esa etapa de la vida que los libros llaman "infancia media", sin embargo, es una etapa en la que los chicos abandonan el jardín de infantes, para adentrarse "en el mundo de los grandes" y recorrer la escolaridad primaria hacia lo que será su adolescencia y escuela media. Es una etapa intermedia que muchas veces los libros del desarrollo abandonan pero de lo que en esta etapa ocurra dependerá lo que suceda después, al ingresar a ese terreno de exploraciones y transgresiones evolutivas llamado adolescencia.

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Es una etapa en la que se expanden lazos sociales, aumenta el conocimiento sobre si mismos y se desarrollan habilidades que serán fundamentales para el resto de la vida, tanto en terrenos sociales como académicos.

A lo largo de este período, los chicos incrementan significativamente su capacidad de autorregulación. Comienzan a depender menos de recompensas o elogios inmediatos y más de lo que ven a mediano plazo. "Puedo entrenar todas las semanas porque quiero que el coach me ponga en los partidos", "puedo estudiar el fin de semana porque el martes tengo un examen difícil", "quiero ahorrar lo que me dan mis abuelos semanalmente porque quiero comprar un par de botines"… El tiempo empieza a tomar dimensión más ajustada y la posibilidad de tener proyectos comienza a esbozarse.

Ciertamente ello ocurre con mucha claridad a los doce y con menos claridad a los seis, pero cuando los padres orientamos la capacidad de espera, de proyección hacia adelante y de esfuerzo destinado al logro, estamos educando una capacidad que el desarrollo tiene lista para funcionar entre los seis y los doce años: la capacidad de anticipación, planeamiento y ejecución de conductas a mediano plazo. Los colegios comienzan a dar tareas postergadas en el tiempo, los chicos comienzan a hacer cálculos sobre tiempo y cuántos días faltan para, aparecen intentos de negociación como "si hago tal cosa me das tal otra", todo en el comportamiento de los chicos de escolaridad primaria sugiere que están construyendo autonomía.

Los padres aún somos, en esta etapa, personas de confianza y objeto de admiración. Sin embargo, cabe señalar que, a partir de los diez años y hacia los doce, cada vez lo seremos menos y eso es evolutivamente esperable. Del trabajo de años anteriores depende que logremos sostener patrones de apego satisfactorios para nosotros. Es importante considerar que el chico, a partir de los diez años, comienza a mirar a otros adultos con admiración, a reconocer diferencias entre padres de compañeros y sus propios padres y a expresar comentarios elogiosos sobre otros adultos. De pronto, otros adultos resultan atractivos y destacables para nuestros hijos, justo en el momento que nosotros comenzamos a perder protagonismo.

Es esta la etapa en la que expanden sus redes sociales, comienzan a tener programas con más frecuencia de manera independiente de la familia y empiezan a afirmarse en opiniones propias a partir de lo que viven fuera de casa. Durante este período, el mundo de afuera entra a casa, casi por primera vez, de la mano de nuestros hijos y no de la nuestra. Habrá que acostumbrarse porque esa es una tendencia que irá en aumento hacia la adolescencia. Los padres debemos acostumbrarnos a ver el mundo desde los ojos de nuestros hijos. Toda una revolución porque hasta el momento había sido al revés.

Cómo acompañar este desarrollo de manera productiva, saludable y, sobre todo, protectora a futuro los padres debemos llevar adelante algunas conductas a consciencia (Kerns, 2005):

- Compartir tiempo con ellos. Hasta el momento los chicos nos acompañaban donde queríamos ir. Sus programas dependían de los nuestros. A partir de esta etapa, se invierte ese esquema. Los acompañamos a sus entrenamientos y competencias deportivas. Comienzan a elegir las películas que desean ver y los lugares que quieren visitar. Comienzan a seguir tendencias que son características de la edad y comienzan a pedir ayuda para sostenerlas (comprar determinado tipo de cartas, figuritas, etc.)

Monitorear su comportamiento. El monitoreo por parte de los padres del comportamiento de los hijos es una de las conductas parentales que más garantizan el desarrollo positivo. Es importante que sepamos dónde están, qué sienten, qué necesitan, qué piensan y qué desean.

Proveer apoyo social y emocional. Es importante que se sientan acompañados en terrenos socioafectivos. No son buenas las frases "yo a tu edad" sino la apertura a saber cómo son las cosas ahora y dar opiniones y perspectivas adultas sin la máquina del tiempo encendida. A medida que los chicos crecen van integrándose al mundo cultural de sus pares y los padres debemos acompañar esa entrada con opinión, monitoreo y modelado pero sin juicios de valor

Expresar afecto. A medida que avanzan hacia la adolescencia los chicos necesitarán, cada vez más, diferenciarse del entorno familiar. El cariño expresado sin esperar nada a cambio durante los primeros doce años de vida será cosechado con la salida al mundo de nuestro hijo con un sentimiento de contención que ninguna otra cosa puede otorgar. Típicamente en la adolescencia se sentirán menos queridos en algunos momentos, eso es evolutivamente esperable, y todo lo que hayamos hecho en años anteriores servirá de soporte para esas sensaciones.

Más allá de todo ello, abrirse al mundo de los chicos, sostenerlos incondicionalmente, intentar ver el mundo desde sus ojos y comprender que son aún chicos aprendiendo a navegar un mundo que muchas veces dista de ser simple, es la tarea que debemos sostener con mayor conciencia a lo largo de esta etapa. Ofrecer canales de comunicación abiertos: te quiero, te escucho, no te juzgo, será la manera de expresar permanentemente que cuentan con nosotros. Es una etapa que en los libros a veces pasa desapercibida, pero en la vida de todos los días es una increíble ventana a la construcción de la identidad y la personalidad de nuestros hijos.

REFERENCIAS:

Kerns KA (2005). Attachment in Middle Childhood. The Guilford Press.

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