Mi pareja trabaja demasiado

Se va muy temprano, casi siempre sin desayunar, va de una reunión a otra y llega después de las diez de la noche. Los problemas de salud -y no nuestra vida de pareja- parecen ser el único regulador razonable de su ritmo de trabajo. No tenemos hijos y los momentos de intimidad se han reducido a cero; si seguimos a este paso ni siquiera será necesario pensar en tenerlos, ni los momentos ni los hijos.

¿Qué hacer cuando nuestra pareja trabaja demasiado? ¿Tirar la toalla, discutir, conciliar, terminar?

Hay que decirlo, a los latinos nos encanta el drama, tomamos decisiones con la cabeza hirviendo o evitamos tomarlas para continuar jugando nuestro papel víctima/victimario con intensidad épica sin pensar en las consecuencias. ¿Y si antes de pensar que "tiene otra" o "no le importo" nos sentamos a reflexionar de dónde viene la obsesión de nuestra pareja por el trabajo? ¿Qué la motiva a entregar toda su energía a un proyecto que no es la vida en pareja, sacrificando la idea de familia e incluso la salud? ¿Es trabajólico (del inglés 'workaholic', adicto al trabajo)? ¿Será que le teme a la intimidad? ¿Acaso está obsesionado por el dinero o por un ascenso?

Sus motivos
A menos que se trate de una empresa responsable con sus empleados, pocos jefes le dirían a su gente: "Oye, Fulano, has trabajado demasiado, tómate un descanso. Deja todo como está, ve con tu familia, cena con tu pareja, nos vemos mañana". Hay demasiada presión para cumplir los compromisos laborales en tiempo récord, una presión aderezada por la competitividad, las exigencias sociales y la necesidad de obtener un salario que permita generar ahorros.

La necesidad económica, el crecimiento profesional, la realización de un proyecto y finalmente, sentirse útil; todas las motivaciones suenan razonables, pero están sostenidas por un deseo inconfeso y más profundo. Se dice que la sensación de tener el poder mueve a los trabajólicos, ellos deciden cómo se administra el tiempo (el suyo y el de los demás) en la oficina y en la casa. "Si hay que soportar la presión de alguien, prefiero que sea la de mi jefe", confiesan algunos. Y es que, por más que amen a sus hijos o a su pareja, quizás no saben cómo lidiar con los estímulos físicos cuando éstos son parte de la rutina diaria.

Tener o ser una pareja obsesionada del trabajo te enseña que los reproches y las recriminaciones no hacen sino agravar el problema. Ocurre lo mismo que con los adolescentes, entre más se les presiona menos responden y se alejan. Resulta imprescindible, entonces, sopesar la situación. Quizás se trate de algo temporal, un proyecto con tiempo de entrega bien definido. Si es así, no queda sino convertirse en un apoyo más que en una demanda de energía. Pero cuando se trata de una empresa propia o de un puesto de alta exigencia, lo mejor es establecer acuerdos y modificar dinámicas antes de que sea demasiado tarde.

Yo confieso

Soy una trabajólica que vive con un trabajólico. Ambos éramos así cuando nos conocimos. Mientras no vivíamos en pareja no había problema, sin embargo, al momento de encontrarnos bajo el mismo techo las cosas cambiaron. Él entendió que se había convertido en un trabajólico porque no tenía un motivo importante para regresar a casa. Mi proceso fue distinto, pues justo comenzaba un proyecto independiente con un par de socias y tenía que dedicarle horas extras. Cenábamos juntos, pero en lugar de irme a la cama con él o salir al cine, me quedaba trabajando hasta altas horas de la noche. Las cosas comenzaron a ponerse mal, fue entonces que establecimos acuerdos y horarios. Al inicio yo me sentía limitada, pero poco a poco me acostumbré al nuevo ritmo que, para mi sorpresa, resultó ser más productivo y me implicaba menos desgaste en todos los sentidos.

Autonomía y organización son las claves de nuestro acuerdo. Sabemos que el trabajo es una fuente de gran satisfacción para ambos, pero no es la única, y solamente lo descubres si te das el tiempo de hacerlo. Suena demasiado corporativo lo que voy a decir, pero si estás con un trabajólico hay que coordinar agendas y establecer reglas para que el trabajo no invada la esfera privada. Hay algunas muy básicas, como no hacer o recibir llamadas laborales en casa ni llevarse trabajo extra el fin de semana.

Un acuerdo que me pareció rígido al inicio pero que ahora valoro mucho, es nunca cancelar un compromiso de pareja. Si quedaron de cenar juntos, si acordaron salir temprano de la oficina para ir al cine, hagan lo imposible por ceñirse al plan. Y cuando estén ahí, asegúrense de haber dejado todo en orden para poder desconectarse del trabajo. En verdad, hoy entiendo que hay mucha vanidad en pensar que el mundo (la oficina, el proyecto) se va a caer si nosotros no estamos ahí para sostenerlo.

En mi experiencia, cuando logras un buen acuerdo de autonomía y organización, los momentos que pasas con una pareja trabajólica no son muchos, pero son intensos; uno se abandona a la experiencia de estar y disfrutar, el tiempo recupera su sentido, uno toma consciencia de que cada minuto juntos es importante e irrepetible.

Del otro lado de la moneda 

Hace un par de días platicaba del tema con mi amiga Isabel, quien me mostró una solución desde el otro lado del problema: "Estaba tirada al drama, yo llegaba de la oficina temprano y él, ni sus luces. Pensaba, ‘¿en qué momento se me ocurrió que casarme con un workaholic era una buena idea?' Mi madre me escuchó y me dijo no seas tonta, tienes tiempo para ti y no lo usas. Entonces me inscribí a clases de japonés y a un gimnasio. Cómo es la vida: cuando mi marido dejó de sentirse presionado por mí, él solito puso límites a su horario de trabajo".

Hoy tengo claro que nadie cambia en esencia, pero si hay voluntad para llegar a un acuerdo, uno puede cambiar sus hábitos a favor de sí mismo y de la pareja.

¿Tienes una pareja que trabaja demasiado? ¿Qué solución has pensado?

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